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HEPATITIS A:

¿En qué consiste la hepatitis A?

La hepatitis A es una enfermedad transmitida por un virus específico, el llamado virus de la hepatitis A. Consiste fundamentalmente en la inflamación del hígado por ese microorganismo, asociada o no a complicaciones o síntomas referidos a otros órganos.

¿A quienes afecta la hepatitis A?

Desde la introducción de la vacuna hace unos 16 años, ha disminuido la incidencia de casos de hepatitis A a algo menos de la cuarta parte del número estimado anteriormente en países desarrollados, especialmente en los niños. Desgraciadamente la situación en países con un sistema sanitario deficiente o en áreas deprimidas tanto social como sanitariamente, la situación dista de ser buena, con un elevado número de casos.

En los países desarrollados, la incidencia de casos con síntomas predomina entre la población adulta, mientras que en las zonas en vías de desarrollo, la infección se contrae mayormente en la infancia, en la que suele cursar sin síntomas o con muy pocos.

Las circunstancias antecedentes mas comunes en pacientes con hepatitis A incluyen el contacto estrecho con un paciente infectado, las relaciones sexuales entre varones, viajes a zonas de gran incidencia de casos, ingerir comida contaminada (brotes epidémicos de origen alimentario), consumir drogas de abuso y tener contacto con niños o empleados de centros de atención infantil infectados. Sin embargo, en uno de cada dos casos no se detectan circunstancias a las que atribuir el contagio.

¿Cómo se produce la hepatitis A?

La hepatitis A está producida por el contagio con un virus que ataca sólo a primates. Este virus es especialmente resistente y sobrevive durante largos períodos de tiempo en las manos, el agua de mar, agua dulce, aguas residuales y el suelo. Requiere una temperatura igual o superior a 85º centígrados (185º F) para ser inactivado y resiste a los detergentes, la congelación y los ácidos, pero se inactiva por sustancias tales como la clorina y la formalina.

La fuente de contagio principal es el agua o la comida contaminadas, donde sobrevive el virus procedente de las heces de los que sufren la enfermedad. El contacto con un paciente o la ingestión de comida o agua conteniendo el virus da lugar a la inoculación del microorganismo por vía oral, que invade el hígado y las células del tubo digestivo, desde donde pasan a la sangre y a la bilis, excretándose con las heces para iniciar un nuevo ciclo de inoculación en otras personas.

Existen casos muy raros de transmisión por transfusiones o jeringuillas, ya que durante un corto periodo de la enfermedad, el virus se encuentra circulando por la sangre.

La mayoría de brotes registrados son atribuibles a manipuladores de alimentos infectados, los alimentos frescos contaminados y el marisco recogido en aguas contaminadas.

¿Qué síntomas produce?

Una vez producido el contagio, el periodo de incubación oscila entre 2 y 7 semanas, con un promedio de 4. Durante las dos semanas previas a la aparición de los síntomas de hepatitis, la enfermedad alcanza su máxima capacidad de contagio.

Según la edad del paciente, la hepatitis A puede pasar desapercibida, con pocos o ningún síntoma, o presentarse con manifestaciones de mayor gravedad. El 70 % de los adultos con hepatitis A y el 30 % de los niños menores de 6 años presentan síntomas similares a los de una gripe de mayor o menor intensidad. Los pacientes pueden presentar un grado variable de malestar general, falta de apetito, náuseas, vómitos, dolor de cabeza, estreñimiento o diarrea, fiebre, escalofríos, cansancio, ictericia (un color amarillento de piel y mucosas), dolores abdominales y osteomusculares e incluso tos. Durante la fase de ictericia, que acostumbra a durar 4 o 5 semanas, las deposiciones son de color claro o muy claro.

Las heces pueden contener virus de hepatitis A durante un periodo prolongado (hasta 6 meses).

Aunque la hepatitis A es generalmente una enfermedad autolimitada, de curso benigno, en adultos puede dar lugar a complicaciones de importancia, entre las que se incluyen inflamación del páncreas o de las vías biliares (pancreatitis, colecistitis), alteraciones de la sangre (anemias, púrpuras), inflamaciones de los nervios y tejidos nerviosos (encefalitis, neuritis), inflamación e insuficiencia del riñón (nefritis, nefrosis).

¿Cómo se diagnostica la hepatitis A?

El diagnóstico de sospecha se basa en los síntomas que presenta el paciente, aunque, como se ha expresado, estos pueden faltar o ser muy poco evocadores de la enfermedad que sufre realmente el paciente.

El diagnóstico se confirma por las pruebas de laboratorio, mediante la determinación de enzimas hepáticos (transaminasas principalmente) y bilirrubina. No existe un paralelismo entre la cifra de aquellos enzimas y la gravedad de la hepatitis. Casos de menor importancia puede cursar con cifras altas de transaminasas y a la inversa.

Por lo general, en una segunda etapa, una vez diagnosticada la hepatitis, las pruebas serológicas permitirán distinguir entre las hepatitis A, B y C. La prueba que confirma el diagnóstico es la determinación del anticuerpo antihepatitis A IgM, introducida como prueba de rutina en sistemas de atención sanitaria medianamente desarrollados, que resulta altamente específica.

¿Como evoluciona la hepatitis A?

Cuatro de cada cinco adultos permanecen enfermos un periodo igual o inferior a los dos meses. Salvo complicaciones, la enfermedad curará en la mayoría de los pacientes en este periodo. La hepatitis A no evoluciona de forma crónica como lo hacen las hepatitis B y C.

En uno de cada 5-10 pacientes adultos, la enfermedad dura mas de las 8 semanas habituales, sin que la fiebre desaparezca. El paciente puede presentar los mismos síntomas que durante la fase aguda, acompañados de un intenso picor generalizado, pérdida importante de peso y un cuadro diarreico. Todos estos síntomas van desapareciendo progresivamente, mientras que paulatinamente se normalizan los enzimas hepáticos y la bilirrubina, el último dato de laboratorio en normalizarse. Debe asumirse que estos pacientes son potencialmente contagiosos de forma prolongada.

Menos del 1 % de pacientes sigue un curso desfavorable, con empeoramiento de la ictericia y manifestaciones cerebrales consecutivas al fallo severo del hígado, que pueden poner en peligro la vida del paciente u obligar a considerar la posibilidad de un trasplante.

¿Que tratamiento tiene la hepatitis A?

Medidas de prevención

1. Vacunación:

Distintos organismos oficiales y comisiones de expertos recomiendan la vacunación frente a la hepatitis A a todos los niños entre los 12 y los 23 meses de vida, como parte de la vacunación rutinaria a esas edades. También es aconsejable vacunar a las personas que tengan que viajar a zonas con alta incidencia de hepatitis A (endémicas), personas ingresadas en instituciones cerradas y los pacientes que reciban derivados de la sangre de forma repetida. Es también ineludible vacunar a pacientes en espera de trasplante hepático, aquellos que sufren enfermedades crónicas del hígado y pacientes seropositivos para la hepatitis C. La vacunación requiere la aplicación de dos dosis con un intervalo entre ambas de 6–12 meses. Es recomendable vacunar a drogadictos, varones homosexuales y personal de laboratorios clínicos.

Esta vacunación no está recomendada, salvo circunstancias especiales, en el personal sanitario, cuidadores (guarderías, residencias de ancianos), trabajadores del sector alimentario y operarios del sector de aguas residuales.

2. Inmunoglobulina:

La gammaglobulina polivalente confiere una protección temporal durante 3-5 meses frente a la hepatitis, ya que aporta anticuerpos específicos frente al virus de la hepatitis A, confiriendo un grado apreciable de protección cuando se administra dentro de las dos primeras semanas de haberse expuesto a la hepatitis.

La inmunoglobulina está indicada en personas que no han sido vacunadas previamente y se encuentran en estrecho contacto con un paciente que sufre hepatitis A. En ningún caso debe procederse a la administración indiscriminada de este medicamento, ya que puede plantear serios inconvenientes. Es recomendable que consulte a su médico acerca de esta cuestión.

Está recomendada la profilaxis con gammaglobulina en los que conviven con un paciente que sufre hepatitis A o comparten habitación en una residencia para la tercera edad o similar o, sencillamente, cuida del paciente. También es recomendable en personas que mantienen relaciones íntimas o comparten el uso de jeringuillas y otros efectos para administración de drogas de abuso.

Otros candidatos a la gammaglobulina incluyen el personal que manipula alimentos en fresco, cuando un compañero de trabajo ha sido diagnosticado de hepatitis A. Otro grupo de personas en riesgo está constituido por los trabajadores de guarderías infantiles y otros centros de similar actividad y se ha diagnosticado un caso en algún trabajador del centro o en algunos de los niños que se atiende.

3. Medidas de profilaxis:

Como medida general, válida para todas las enfermedades de transmisión fecal-oral, como la gastroenteritis y hepatitis, es muy importante el lavado de manos después de defecar o de cambiar los pañales, así como el tratamiento sanitario adecuado de los residuos. Es de igual importancia la manipulación higiénica de los alimentos, especialmente los que no van a ser cocinados, en particular, el marisco.

Los cuidadores de los pacientes que llevan pañales o son incontinentes deben tener precaución y evitar el contacto con los materiales sospechosos de portar el virus (heces, orina, saliva, otras secreciones, etc.) durante las dos semanas primeras de enfermedad o bien hasta una semana después del comienzo de la ictericia. En niños es recomendable prolongar las precauciones durante seis meses.

Los servicios sanitarios determinarán donde está el foco del contagio y señalaran aquellas medidas mas adecuadas para proteger al conjunto de la comunidad.

Tratamiento

El tratamiento consiste en proporcionar asistencia para evitar la deshidratación y malnutrición, evitar las sustancias tóxicas para el hígado, como el alcohol y determinados medicamentos y tratar las posibles complicaciones, además del ineludible reposo, ya que no se dispone de un tratamiento específico para hacer frente al virus de la hepatitis A. Es posible que algunos pacientes sufran un empeoramiento y requieran hospitalización para atender las eventuales complicaciones (deshidratación, trastornos de la coagulación, etc.).

Última actualización de la página: 12 de marzo de 2011


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