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Miércoles 22 de Octubre de 2014

HÍGADO GRASO (esteatosis hepática)

¿En qué consiste?     

El término hígado graso comprende varias enfermedades de importancia dispar, desde la llamada infiltración simple de grasa, relativamente benigna, hasta la esteatohepatitis, en la que existe una inflamación del tejido hepático además de la acumulación de grasa, que puede evolucionar hasta la cirrosis. La enfermedad grasa del hígado se clasifica en dos categorías: el hígado graso simple, cuya evolución suele ser benigna y su pronóstico favorable y la esteatohepatitis, inducida o no por el consumo de alcohol, que suele ser progresiva y de pronóstico desfavorable.

¿A qué se debe?     

La esteatohepatitis, además de la causada por el alcohol, aparece con frecuencia en pacientes con el llamado síndrome metabólico, caracterizado por diabetes, obesidad, elevación de las grasas en la sangre e hipertensión arterial. También puede aparecer en sujetos con peso adecuado o incluso delgados. Algunos medicamentos pueden ser causa de este trastorno.

Es imposible distinguir mediante métodos rutinarios entre el hígado graso simple y la esteatohepatitis alcohólica y no alcohólica, por lo que la incidencia real de estas enfermedades se desconoce.

Aparte de los casos de esteatosis y esteatohepatitis producidos por el consumo de alcohol, la degeneración grasa del hígado se asocia con varios componentes del llamado síndrome metabólico, como obesidad, hipertensión, diabetes mellitus y dislipemia. De hecho, se considera a la enfermedad grasa del hígado un síntoma más de dicho síndrome.

Como causas directas de la enfermedad grasa del hígado figuran el exceso de ingestión de grasas y bebidas refrescantes, que hacen que se liberen ácidos grasos, captados y almacenados después por el hígado en forma de triglicéridos. No resulta extraño, por ello que el exceso de consumo de colesterol sea uno de los principales factores implicados en el desarrollo de las lesiones del hígado. Por contra, una dieta rica en aceite de oliva disminuye esta acumulación.

El hipotiroidismo puede llegar a producir enfermedad grasa del hígado a través de la obesidad y del aumento de grasas en la sangre.

La enfermedad grasa del hígado es el doble de frecuente en mujeres posmenopáusicas que en las premenopáusicas. La falta de hormona masculina en el varón (hipoandrogenismo) y el exceso en mujeres (hiperandrogenismo) son también susceptibles de provocar enfermedad grasa del hígado.

La enfermedad grasa del hígado está dando lugar a una especie de epidemia entre la población infantil y juvenil en los países con buen nivel de desarrollo, en los que se han multiplicado los casos de obesidad y sobrepeso en estas edades durante los últimos 20 años.

La obesidad aumenta el riesgo de elevación de las transaminasas y otros enzimas de origen hepático, cuya cifra se multiplica en estos casos por dos o tres. En pacientes controlados en unidades especializadas, la obesidad y el sobrepeso sobrevenidos recientemente se asocian a una progresión de las lesiones microscópicas del hígado.

¿A quienes afecta?     

Si se utiliza como criterio de clasificación el nivel de transaminasas, la población afectada podria estimarse en el 5-8% de la misma, pero dicha cifra es considerablemente inferior a los porcentajes que arrojan los estudios de población adulta basados en ecografías, que estiman que el 20 % de adultos sufre algún tipo de enfermedad grasa del hígado. Esta disparidad se debe a que el 80 % de los pacientes con enfermedad grasa del hígado presentan transaminasas dentro de valores normales. En contraste, se considera que las enfermedades grasas del hígado son la causa mas frecuente de elevación de las transaminasas en la población general.

Cuando el estudio de detección de casos se realiza con métodos mas finos, como la resonancia magnética, la incidencia de enfermedad hepática es aún mayor(33%). Por medio de este método, se han podido comprobar notables diferencias étnicas en la incidencia de de las enfermedades grasas hepáticas, siendo la población hispana la que sufre mayores prevalencías(50%).

Los estudios basados en biopsias en casos seleccionados parecen indicar que las formas menos agresivas de enfermedad grasa del hígado, el hígado graso simple, son el doble de frecuentes que las esteatohepatitis. En EEUU, donde se estima que sufre algún tipo de enfermedad grasa del hígado el 35% de la población, las formas mas agresivas de la enfermedad (esteatohepatitis) afectarían a mas del 10% de las personas, de las que un 10 % acabaría sufriendo finalmente cirrosis.

En conjunto, se puede asegurar que la enfermedad grasa del hígado es la enfermedad crónica del hígado mas frecuente en el conjunto de la población.

Síntomas     

La enfermedad grasa del hígado sin esteatohepatitis suele cursar sin síntomas. Este es, frecuentemente también, el caso de estas últimas, tanto las de causa alcohólica como las de otro origen. Los niños con enfermedad grasa del hígado suelen permanecer sin síntomas o, a lo sumo, pueden presentar malestar, fatigabilidad o dolor abdominal recurrente. En ocasiones los pacientes aquejan molestias vagas como debilidad, molestias en el cuadrante superior derecho del abdomen y malestar general.

Cuando las formas severas de la enfermedad se acentúan, el paciente puede presentar los síntomas propios de las enfermedades avanzadas del hígado, con el bazo aumentado de tamaño, arañas vasculares, eritema palmar, ginecomastia, ascitis, etc.

La esteatohepatitis por alcohol suele manifestarse por un cuadro agudo con hinchazón dolorosa del hígado, coloración amarilla de la piel y fiebre, precedidos de debilidad, malestar y falta de apetito.

¿Cómo se diagnostica?     

La mayor parte de los pacientes que sufren enfermedad grasa del hígado son diagnosticados como resultado de un hallazgo casual de elevación leve de las transaminasas. La ALT suele estar mas elevada que la AST. Sin embargo, muchos pacientes con esteatohepatitis tienen valores normales de estos enzimas hasta fases avanzadas de la enfermedad.

A menudo, la enfermedad grasa del hígado forma parte del síndrome metabólico, cuyo nexo común entre las diversas manifestaciones es la resistencia a los efectos de la insulina generada por el propio organismo.

El diagnóstico de enfermedad grasa del hígado requiere conocer la ingestión diaria de alcohol del paciente. Aquellas personas que consumen menos de 20 gramos de alcohol al día tienen todas las probabilidades de no padecer una enfermedad causada por este.

En general, el pronostico para el hígado graso simple es bueno. La esteatohepatitos puede progresar a cirrosis o evolucionar hacia un tumor maligno en el 10%-15% de los pacientes.

El diagnóstico de la esteatohepatitis, causada o no por el alcohol requiere utilizar mas de una prueba, ya que no existe un test o exploración únicos que permita por si solos establecer el diagnóstico. Por lo general, se suele partir de un hallazgo casual, sea una elevación de uno o varios enzimas hepáticos en la sangre o bien un hígado grande al practicar una ecografía con motivo de otra patología. Teniendo en cuenta que desde la infiltración grasa simple del hígado hasta la cirrosis pueden no dar lugar siquiera a una elevación de las transaminasas, es relativamente fácil tropezarse con pacientes en fases avanzadas de enfermedad del hígado pero sin síntoma ni datos de análisis que muestren el trastorno en su autentica medida.

Entre otras alteraciones, es necesario descartar infecciones virales del hígado, interrogar acerca del consumo alcohólico y analizar otras posibles enfermedades y medicamentos que pudieran tener relación con el caso.

Los enzimas AST, ALT y GGT suelen estar elevados pero casi nunca alcanzan un valor cuatro veces superior al límite normal. Cifras bastante superiores a estas indican que el problema puede ser de otra naturaleza distinta a la enfermedad grasa del hígado.

El nivel de transaminasas no predice la importancia de la alteración. Es frecuente ver valores modestos de transaminasas en esteatohepatitis severas y a la inversa. Tampoco permiten predecir quien va a sufrir una evolución mas desfavorable.. Otros datos de laboratorio pueden ayudar a hacer una valoración del problema, especialmente en el caso de que la enfermedad grasa del hígado esté relacionada con el síndrome metabólico.

Aunque dista de ser un método exacto, la ecografía abdominal puede ofrecer alguna información acerca de un hígado graso. La resonancia magnética es algo mas exacta, aunque su uso es mas limitado. Sin embargo, ninguno de estos dos métodos permite distinguir entre el hígado graso simple y las formas mas acentuadas de la esteatohepatitis.

La biopsia hepática es la prueba que permite confirmar el diagnostico, sea de hígado graso simple o bien de esteatohepatitis, dando además información acerca de la presencia de complicaciones avanzadas, antes incluso de que se desarrollen. Existe una opinión generalizada entre los expertos de que la biopsia es el único medio de diagnóstico y exclusión de la enfermedad grasa del hígado y no puede ser sustituida por ningún otro método de exploración del paciente como medio de información acerca de la cantidad de infiltración grasa, inflamación y daño hepático.

Tratamiento de la enfermedad grasa del hígado     

Los objetivos del tratamiento de la esteatosis simple y la esteatohepatitis consisten en reducir la exposición del hígado a los ácidos grasos. En sujetos obesos es importante un cambio de estilo de vida que reduzca el peso y el tejido adiposo, reduciendo la ingestión de calorías y aumentando la actividad física. Tanto la reducción del peso como el ejercicio mejoran la sensibilidad de los tejidos a la insulina segregada por el paciente, lo que colabora a combatir la esteatosis y esteatohepatitis. Estas medidas, llevadas a cabo con constancia y un buen control reducen la intensidad de las lesiones en el hígado.

La supresión del consumo de alcohol es la medida preventiva de mayor importancia cuando se sospecha o tiene la certeza de que el agente causal es el consumo de esta sustancia. Es importante también, en estos pacientes, realizar ejercicio físico y modificar la dieta.

Algunos estudios sugieren un efecto beneficioso de determinados medicamentos sobre las lesiones del hígado graso. Sin embargo, no se dispone de suficientes estudios que avalen tratamientos farmacológicos con carácter general, por lo que las medidas terapéuticas descansan sobre la modificación del estilo de vida del paciente.

Incluso en pacientes sin manifestaciones del síndrome metabólico es razonable inducir un cambio en el estilo de vida, ya que las pequeñas modificaciones del peso mejoran igualmente la sensibilidad a la insulina. Se sabe también que las modificaciones del peso extremas con pérdida rápida de eso pueden, por contra, acelerar el paso de esteatohepatitis a cirrosis y también aumentar el riesgo de sufrir cálculos de vesícula biliar.

Pronóstico de la enfermedad grasa del hígado     

En el caso de pacientes hospitalizados con esteatohepatitis de cierta intensidad, aparece la temida cirrosis de hígado en la mitad de los casos en un plazo relativamente corto (5 años). Este porcentaje puede ser bastante mas elevado si los pacientes continúan ingiriendo alcohol y en mujeres.

Por término medio, se estima que el 10% de aquellas personas que sufren esteatohepatitis acabarán sufriendo cirrosis, aunque algunos expertos elevan esta cifra hasta casi el 50 %. El pronóstico es mas desfavorable si el paciente es mayor de 40-50 años, sufre obesidad y/o diabetes mellitus.

Una cifra cercana al 12 % de todos los pacientes con esteatohepatitis pueden llegar a padecer finalmente un hepatocarcinoma de hígado, un tumor maligno del hígado dificil de detectar hasta fases mas bien avanzadas, que puede llegar a requerir un trasplante hepático.

Última actualización de la página: 22 de junio de 2010

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