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Domingo 26 de Octubre de 2014

MONONUCLEOSIS INFECCIOSA

¿Qué es la mononucleosis infecciosa?     

Es una infección general del organismo humano producida por un virus conocido como virus de Epstein-Barr. Los síntomas fundamentales de la enfermedad son fiebre, dolor de garganta, hinchazón de ganglios linfáticos y alteración del número y características de los glóbulos blancos de la sangre llamados linfocitos. Es una infección muy frecuente en niños pequeños, con una incidencia relativamente elevada también durante la adolescencia.

Entre los adultos, mas del 90 % tiene anticuerpos frente al virus de la mononucleosis por haber sufrido la infección con anterioridad.

Sufrir la infección no es sinónimo de sufrir la enfermedad. Aunque la incidencia de infección es muy alta durante los primeros años de la vida, la enfermedad como tal, con sus síntomas característicos, es una enfermedad de personas jóvenes. Por una de sus forma de transmisión, es también conocida como “enfermedad del beso”.

¿Cómo se produce la mononucleosis infecciosa?     

La enfermedad se produce por el contagio del virus de una persona a otra.

El virus causante de la enfermedad se distribuye por contacto con la saliva de una persona infectada. Un elevado porcentaje de las personas con anticuerpos frente al virus de Epstein-Barr, que no presentan virus en su boca y garganta, tienen virus en la saliva.

La enfermedad suele ser contagiada desde una persona que no tiene síntomas a otra persona receptiva, es decir, que carece de defensas específicas(anticuerpos) frente al virus. El caso mas habitual es desde un adulto a un niño, aunque puede transferirse entre dos adultos o desde un niño a un adulto. El beso es una forma común de contagio, aunque no la única.

Otras posible causas de contagio, aunque muy raras, son el trasplante de médula ósea o la transfusión sanguínea.

¿Cuales son los síntomas de la mononucleosis?     

La mayor parte de niños permanecen sin síntomas pese a sufrir la infección o bien presentan una inflamación de faringe o amígdalas de carácter leve a moderado y curso, por lo general, benigno.

Sin embargo en la mayor parte de las personas jóvenes, tanto adolescentes como adultos, los síntomas corresponden a lo que se denomina caso típico de mononucleosis infecciosa.

En los ancianos la enfermedad presenta unos síntomas imprecisos, que se confunden con frecuencia con otro tipo de enfermedades, pudiendo manifestarse sólo por malestar, fiebre prolongada o cansancio.

El caso típico de mononucleosis se presenta tras un periodo de incubación de un mes o mes y medio, precedido de síntomas como malestar, dolores musculares o cansancio fácil.

Después de un periodo de 7-10 días con estas confusas manifestaciones, aparecen los síntomas y signos mas destacados de la enfermedad: fiebre, dolor de garganta e inflamación de ganglios linfáticos. El aspecto de la garganta es superponible al de las amigdalitis comunes, con formación de exudado (capa blanquecina sobre las amígdalas). En los primeros días es frecuente la confusión de la amigdalitis con la mononucleosis infecciosa.

El médico puede hallar al explorar a un paciente con mononucleosis infecciosa otros signos de la enfermedad, como hígado o bazo aumentados de tamaño. Frecuentemente el paciente puede tener también una erupción en la piel o bien presentarla tras haber tomado un medicamento derivado de la penicilina.

Algunos pacientes pueden tener escalofríos, dolor abdominal, dolor de cabeza, náuseas, vómitos, hinchazón alrededor de los ojos o un tinte amarillento de la piel, ocasionado por la inflamación del hígado que suele estar presente en la enfermedad.

¿Cual es el curso de la enfermedad?     

Los síntomas agudos de la mononucleosis pueden persistir durante 15-30 días. Sin embargo, el malestar, la fatigabilidad o cansancio fácil pueden persistir durante meses. Afortunadamente, la mayoría de los pacientes se recuperan completamente de la infección. Solamente un muy reducido número de enfermos sufre una complicación que puede poner en peligro su vida.

Estas complicaciones son la ruptura del bazo, la obstrucción de la vía respiratoria, una infección bacteriana concurrente o una eventual extensión al sistema nervioso.

La inflamación del sistema nervioso, mas frecuente en niños, puede localizarse en las meninges, dando lugar a una meningitis o bien en el cerebro, dando lugar a encefalitis. Son posibles otras localizaciones del virus, aunque son muy excepcionales.

La inflamación faringoamigdalar puede ser tan intensa que obstruya el paso del aire a los pulmones o complicarse con una inflamación de la epiglotis que puede dar lugar a los mismos resultados.

La mononucleosis puede dar lugar a otras complicaciones, todas ellas infrecuentes, aunque de carácter potencialmente grave. Entre estas se incluyen la inflamación del hígado, del revestimiento del corazón (pericarditis), del pulmón (neumonía), del riñón (nefritis) o de las arterias (vaculitis). La ruptura del bazo sucede mas frecuentemente en varones y tiene una incidencia inferior a 1 de cada 200 pacientes. Uno de cada 50 pacientes tiene una forma especial de anemia, la anemia hemolítica autoinmune, que generalmente se resuleve sola con el transcurso del tiempo. En algunos casos da lugar a ictericia, un tinte amarillento de la piel.

¿Como se trata la enfermedad?     

Como en el caso de otros virus, no existe una terapia específica para tratar la mononucleosis en pacientes sin enfermedad inmunitaria previa o tratamiento inmunosupresor.

No se dispone de vacunas, aunque se espera en un futuro disponer de ellas. La experiencia con animales ha resultado prometedora.

El tratamiento se limita a permanecer en reposo y aliviar aquellos síntomas molestos que el enfermo pudiera tener, como la fiebre y el malestar general.

La actividad física debe reducirse al nivel indicado por el médico en cada caso, para hacer mas rápida la recuperación y evitar la temible ruptura del bazo.

La alimentación debe estar orientada a satisfacer las necesidades nutritivas del paciente, así como su correcta hidratación, teniendo en cuenta las preferencias de este por determinados alimentos y la tolerancia digestiva que tenga en cada momento.

¿Es necesario aislar al paciente?

No es en absoluto necesaria tal medida. El virus de Epstein-Barr esta distribuido ampliamente y el aislamiento no resolvería el riesgo de exposición de las personas sanas.

Última actualización de la página: 25 de octubre de 2008

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