Jueves 21 de Marzo de 2019

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CEFALEA EN RACIMOS

¿En qué consiste la cefalea en racimos?     

La cefalea en racimos es un tipo especial de dolor de cabeza muy intenso en el que lo caracterísitico son las crisis de dolor recurrente de corta duración (entre 15 minutos y dos horas) de un gran dolor alrededor de la órbita ocular de un lado, acompañado de lagrimeo, congestión nasal, caída del párpado sobre la pupila, contracción de esta, hinchazón de párpado y enrojecimiento ocular del mismo lado. A lo largo de un día se pueden producir desde uno hasta ocho o mas ataques. Los brotes de cefalea en racimos pueden durar desde algunas semanas a varios meses.

La enfermedad tiene habitualmente un ciclo anual propio de cada paciente, que se repite con escasas variaciones de un año para otro. Los ataques de dolor se agrupan en brotes que suelen aparecer en determinados meses del año. Estos tienen también un ciclo circadiano, apareciendo a las mismas horas cada día, preferentemente de noche.

Como desencadenantes, tienen alguna importancia el alcohol, algunos olores especialmente fuertes o irritantes (disolventes, tabaco) y, en algunos pacientes echar una cabezada o la siesta.

La actividad física parece aliviar algo al paciente que se encuentra agitado en pleno ataque, desplazándose de un lado a otro de la habitación o incluso golpeándose la cabeza contra la pared.

Pese a tratarse de una enfermedad con unas características muy bien definidas, sólo se diagnostica menos del 3 % de todos los casos.

¿A quienes afecta la cefalea en racimos?     

La cefalea en racimos es un trastorno menos frecuente que otros tipos de dolor de cabeza, afectando al 0,05-0,1 % de la población, siendo mas susceptibles los hombres, en quienes aparece seis veces mas que en mujeres. Típicamente, se trata de una enfermedad de varones de 30 o mas años. En mujeres raramente se relaciona con la menstruación.

Este proceso tiene un componente hereditario claro en el 10 % de los casos. Se ha observado que las personas emparentadas con pacientes que sufren CR tienen una probabilidad hasta 12 o 13 veces mayor de sufrir la enfermedad que lo que corresponde al promedio de la población.

El mecanismo por el cual aparece y se produce esta cefalea no es conocido.

¿Cómo evoluciona la cefalea en racimos?     

El curso del trastorno a lo largo de la vida del paciente es impredecible; En algunos casos, la enfermedad se limita a una serie de ataques que no se reproducen de nuevo. En otros casos, la enfermedad deja de presentarse en forma de brotes para convertirse en un proceso crónico.

Uno de cada diez pacientes presenta una cronificación de los ataques, sin que existan periodos completamente libres de crisis de cefaleas. Es frecuente que los dolores de cabeza se repitan a la misma hora cada día, pudiendo iniciarse por algún desencadenante relativamente fácil de identificar.

¿Cómo se trata la cefalea en racimos?     

No se dispone de un tratamiento curativo eficaz, por lo que el objetivo de la intervención médica es tratar las crisis agudas para abortar los episodios de dolor y prevenir la aparición de nuevos episodios de dolor.

Tratamiento de la crisis aguda:

El recurso principal consiste en la administración de oxígeno al 100% a flujo elevado durante un cuarto de hora. Por lo general, el ataque cesa o se mitiga en los diez minutos siguientes. Otra alternativa consiste en la administración por vía subcutánea de sumatriptán, que produce su efecto en un os quince minutos. Actualmente se recurre en menos ocasiones al tartrato de ergotamina, que también resulta eficaz para tratar las crisis. Este medicamento puede utilizarse en administración oral, en aplicación sublingual o administrado por la nariz. Tanto este fármaco como el sumatriptán se utilizan con gran precaución en pacientes con riesgo cardiovascular elevado.

Prevención de los ataques

No se recomienda prolongar el tratamiento preventivo mas allá de la duración de un brote, ya que no esta garantizado que prevenga el siguiente grupo de ataques. Parece que lo mas prudente es reducir la dosis del medicamento después de ocho o diez semanas o del periodo que dure en cada paciente el brote.

El verapamilo constituye el medicamento de elección en la cefalea de racimos tanto en las formas crónicas como episódicas. Las dosis habitualmente empleadas exceden de las utilizadas en la hipertensión y deben ser controladas estrechamente por el especialista correspondiente.

El topiramato también proporciona un grado de eficacia satisfactorio para la prevención de ataques.

El carbonato de litio dispone del aval de diversos estudios, aunque plantea también el riesgo de toxicidad, por lo que es obligado controlar los niveles en sangre. Su indicación principal serían las formas crónicas de la enfermedad.

El tartrato de ergotamina ha sido durante mucho tiempo el medicamento mas empleado para la prevención de las crisis de cefalea en racimos, tanto en aplicación rectal como oral.

La metisergida, un medicamento que da un buen resultado en dos de cada tres casos, puede emplearse para prevenir los ataques durante un brote, aunque su utilización está limitada por el riesgo de complicaciones de importancia.

Con frecuencia se utilizan corticoides a dosis medias o altas, seguidos durante unas cuantas semanas de una dosis de mantenimiento. El ácido valpróico, la gabapentina, el baclofeno, la melatonina y el pizotifeno pueden resultar eficaces en pacientes concretos. Su uso se reserva para pacientes que no respondan al tratamiento de primera línea.

Un recurso adicional consiste en el bloqueo con inyecciones de corticoides los nervios occipitales, técnica que precisa un profesional muy experimentado. Por este método se puede conseguir una reducción del número de ataques o incluso la terminación de un brote.

Última actualización de la página: 21 de mayo de 2010

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