Jueves 24 de Enero de 2019

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INFECCIóN POR CITOMEGALOVIRUS

¿Qué es la infección por citomegalovirus?     

Es una infección causada por el virus de inclusión citomegálica o citomegalovirus, un virus de la familia del herpes, que tiene como la mayoría de los representantes de este grupo, la propiedad de generar infecciones latentes en el ser humano, que se prolongan durante toda la vida. Inicialmente se consideró que este virus era solo causa de importantes defectos de nacimiento en el caso de contraer la madre la infección durante el embarazo. Actualmente se sabe que puede causar enfermedades de importancia muy variable a cualquier edad, pasando desapercibida en muchas personas, aunque en otras produce un cuadro similar al de la mononucleosis o incluso una enfermedad de gravedad considerable.

¿Cómo se transmite la enfermedad?     

La enfermedad se produce por el contagio del virus entre dos personas.

La enfermedad se puede transmitir entre personas de igual o diferente edad, generalmente por un contacto repetido y/o prolongado, raramente por un contacto ocasional. En caso de infección, el virus aparece en la orina, saliva, heces, leche materna y otros fluidos del cuerpo. La mayoría de las veces la enfermedad cursa sin producir síntomas, lo que hace que si se detecta un caso de infección por citomegalovirus, al cabo de unos meses aparecen anticuerpos frente al virus en la mitad de los convivientes que antes no los tenían. La enfermedad se puede transmitir también sexualmente (semen, secreciones vaginales), a través de la transfusión de sangre o derivados de esta y por medio de trasplante de órganos. En países desarrollados, a la edad de 15 años, el 20% de la población presenta anticuerpos frente al citomegalovirus. En personas de 35 años, el porcentaje asciende hasta el 50%, mientras que a edades mas avanzadas puede ascender hasta el 80%. En gran medida, el incremento de estos porcentajes se debe al contagio sexual del virus.

Una vez ingresado el virus en el organismo, la persona lo lleva consigo durante el resto de su vida, sin dar lugar a síntomas. Sin embargo, con motivo de una disminución espontánea(determinadas enfermedades malignas, SIDA) o provocada(trasplantes) de las defensas del paciente, el virus se reactiva.

En el feto, el riesgo proviene de la infección de la madre durante el embarazo, que suele encontrarse bien pese a sufrir la invasión del virus. En estos casos, la probabilidad de infección del feto es considerablemente alta y oscila entre el 25 y 75% de los casos. Se estima que entre 0.5 y 2.5% de todos los recién nacidos se infectan durante la gestación o en el momento del parto. De estos niños, uno de cada 10 presentará algún síntoma de la enfermedad.

¿Cuales son los síntomas?     

Infección congénita

La infección del feto puede cursar sin síntomas, aunque en algunos casos se desarrolla la llamada enfermedad de inclusión citomegálica. La infección congénita se produce por infección de la madre y no por reactivación de los virus que esta pudiera tener con anterioridad al embarazo.

Lo mas común es que la enfermedad curse con ictericia(color amarillo de la piel), petequias(manchas pequeñas de sangre oscura bajo la piel), aumento del hígado y bazo, microcefalia, disminución del crecimiento intrauterino, prematuridad y otros síntomas menos frecuentes. Uno de cada cuatro neonatos con la enfermedad congénita fallece a consecuencia de ella y el resto presenta algún grado de deficiencia neurológica.

Por sorprendente que parezca, la mayor parte de casos de enfermedad congénita no son manifiestos en el momento del nacimiento, detectándose con el tiempo, cuando se estudia un caso por presentar deficiente desarrollo intelectual o motor, falta de oído , alteraciones de la vista o de la dentición.

Cuando el neonato adquiere la infección al pasar por la vagina o al succionar leche materna infectada u otra vía diferente de contacto con el virus lo habitual es que no presente síntomas. Sin embargo es posible que el bebé contraiga una neumonitis, especialmente en prematuros. Esta neumonitis puede asociarse con infección sobreañadida por otros gérmenes y presenta, además de síntomas respiratorios puede presentar hepatitis, anemia y otros signos de enfermedad.

En los ancianos la enfermedad presenta unos síntomas imprecisos, que se confunden con frecuencia con otro tipo de enfermedades, pudiendo manifestarse sólo por malestar, fiebre prolongada o cansancio.

Variedad común en pacientes inmunológicamente normales

El cuadro mas común en pacientes de mas edad es un proceso muy similar a la mononucleosis infecciosa. Este síndrome es mas frecuente en jóvenes y adultos con actividad sexual.

Tras una incubación de uno a dos meses, los pacientes presentan un cuadro de apariencia gripal pero de mayor duración: Fiebre alta con escalofríos, cansancio, malestar, dolores musculares y dolor de cabeza. A veces se añade una erupción en la piel que recuerda la de la rubéola.

Con menos frecuencia se presentan complicaciones como artritis, encefalitis, miocarditis, pleuritis o neumonía. Los análisis muestran signos de inflamación del hígado y unos glóbulos blancos llamados linfocitos atípicos, que también aparecen en otros procesos víricos.

¿Cual es el curso de la enfermedad?     

En la mayor parte de los casos que sufren pacientes con defensas normales se produce su recuperación sin mayores signos que un cansancio o astenia prolongados, similares a los casos menos intensos del síndrome de fatiga crónica.

La infección en personas con inmunidad deficiente(trasplantados, SIDA) la enfermedad es de mucha mayor gravedad y frecuentemente acaba en el fracaso del trasplante. La neumonía por citomegalovirus puede ser fatal. El paciente con SIDA la infección tiene grandes posibilidades de resolver su enfermedad cuando el recuento de células CD4 sobrepasa 100 por mm3. En caso contrario, el futuro del paciente es mucho mas comprometido.

¿Como se diagnostica?     

El cuadro clínico de la enfermedad no es específico de la infección por citomegalovirus. Para establecer un diagnóstico seguro debe recurririse a pruebas de laboratorio, bien sea aislando el virus o fragmentos de este o, mas frecuentemente, detectando anticuerpos frente al citomegalovirus.

La detección del virus en los fluidos orgánicos de los pacientes no es una prueba definitiva, ya que el paciente puede estar eliminando virus meses o años después de sufrir la infección. En rigor, la detección de antígenos de citomegalovirus en la sangre es un indicador mas apropiado de que el paciente sufre actualmente esta enfermedad. Sin embargo, estas pruebas no son aplicables rutinariamente en muchos sitios.

Con mayor frecuencia, por tratarse de pruebas rutinarias de laboratorio, se recurre a test serólogicos que miden las defensas específicas frente al virus, aunque un incremento del nivel de estas defensas útil para el diagnóstico de la enfermedad puede demorarse varias semanas. Como en el caso de la mononucleosis, la IgM específica positiva frente al citomegalovirus denota infección reciente, mientras que la IgG específica demuestra sólo contacto previo con el virus, sin poder establecer la antigüedad del contagio.

¿Cuál es el tratamiento?     

Medidas de prevención

En personas con inmunidad normal no es necesario tomar medidas preventivas frente a este virus distintas a las que se siguen en caso de otras infecciones de transmisión sexual.

Las vacunas de fracciones de virus o de virus atenuados están en fase de desarrollo y no han sido aprobadas para uso general en la población.

En el caso de transfusiones se utilizan derivados de la sangre procedentes de donantes seronegativos, es decir que no han tenido contacto anterior con el virus. Otras técnica de manipulación de la sangre incluyen la congelación y posterior descongelación del hemoderivado. En los trasplantes se puede reducir la incidencia de infección por citomegalovirus seleccionando donantes seronegativos, lo que no siempre es posible.

Recursos terapéuticos

La gammaglobulina específica o hiperinmune puede resultar útil en el tratamiento de pacientes inmunodeficientes o en la prevención de la infección fetal en caso de infección materna.

Entre los medicamentos utilizados en el tratamiento de esta enfermedad, se dispone de ganciclovir, su profármaco valganciclovir, foscarnet y cidofovir. Estos medicamentos pueden servir para reducir o incluso eliminar el riesgo de infección en trasplantados. El ganciclovir o su profármaco valganciclovir(que se administra oralmente) son eficaces en el tratamiento de la retinitis y de la colitis por citomegalovirus, aunque pueden presentar resistencias. Los otros dos medicamentos están considerados de segunda línea y se aplican cuando han aparecido resistencias a ganciclovir o su profármaco.

Fecha de actualización de la página: 15 de enero de 2010.

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