Martes 24 de Setiembre de 2019

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SíNDROME DE FATIGA CRóNICA

¿Qué es la fatiga crónica?     

El síndrome de fatiga crónica es un trastorno consistente en fatiga asociada a un cortejo de manifestaciones físicas y neuropsicológicas.

Esta enfermedad ha sido conocida a lo largo del tiempo con numerosos aunque imprecisos nombres como síndrome de fatiga postviral, encefalomielitis miálgica, poliomielitis abortiva o, si nos remontamos hasta el siglo XIX, neurastenia entre otros.

Los pacientes suelen quejarse, además de la fatiga crónica, de dolor de cabeza, dificultad de concentración, dolor muscular o articular, sensación de tener fiebre, dificultad para conciliar el sueño, alteración del estado de ánimo u otros trastornos psiquiátricos. Adicionalmente pueden presentar molestias de garganta, sensibilidad de los ganglios linfáticos, dolor abdominal, taquicardia, sudoración nocturna y alteración del peso corporal.

La fatiga, típicamente no es explicable por el ejercicio físico y no se alivia por el reposo, repercutiendo a mayor o menor plazo en modificaciones del nivel de actividad del paciente, incluyendo la esfera laboral, familiar y social.

El caso típico comprende también un mínimo de cuatro síntomas de los relacionados a continuación, que duran al menos seis o mas meses:

    1. Molestias faríngeas
    2. Ganglios linfáticos dolorosos
    3. Dolor muscular
    4. Dolor en las articulaciones
    5. Dolor de cabeza, distinto del que el paciente pudiera sufrir con anterioridad.
    6. Sueño difícil o poco reparador.
    7. Malestar y cansancio aumentado incluso un día después de realizar ejercicios físicos
    8. Dificultad para recordar hechos recientes
    9. Dificultad de concentración

¿A que se debe?     

La enfermedad afecta con mayor frecuencia a pacientes de 25 a 45 años, aunque puede presentarse a cualquier edad. Predomina en mujeres, en la proporción de 2 a 1 respecto de los hombres y se extiende de forma particular por el mundo desarrollado. Se calcula que la cifra de personas afectadas entre la población adulta podría ser del 0.2 %, aunque estas cifras hay que contemplarlas con cautela debido a las diferencias de criterios diagnósticos existentes.

Como sucede con otras enfermedades de las que se desconoce el trasfondo de su origen, se han elaborado distintas teorías explicativas.

Una de las mas seguidas relaciona la enfermedad con infecciones por virus, como el virus de Epstein-Barr, productor de la mononucleosis infecciosa, el citomegalovirus, el herpesvirus tipo 6, distintos retrovirus y un largo etcétera de otros virus, bacterias e incluso hongos. Sin embargo ni los análisis de sangre ni los datos epidemiológicos parecen apoyar rotundamente esta hipótesis, que cuenta a su favor con las “epidemias” de síndrome de fatiga crónica registrados a lo largo de la historia en diversos hospitales, como el del Hospital del Condado de Los Angeles en 1934 o el de 1955 en el Royal Free Hospital, calificado de encefalomielitis miálgica, entre otros. A este respecto, cabe añadir que no se ha podido demostrar fehacientemente la relación entre el síndrome de fatiga crónica y un microorganismo determinado.

Las posibles causas inmunológicas tampoco han podido ser demostradas en estos pacientes, incluyendo estudios en gemelos auténticos (monozigóticos), que no muestran diferencias inmunológicas apreciables entre pacientes afectados y sus hermanos no afectados por la enfermedad.

La mitad o mas de estos pacientes muestran un grado mayor o menor de depresión,aunque como pasa en otras enfermedades crónicas como la fibromialgia, estos síntomas psiquiátricos probablemente reflejan mas el resultado que la causa de la situación de estos pacientes.

¿Cuales son los síntomas?     

La historia natural de la enfermedad se inicia de modo súbito en un paciente que previamente se encontraba sano y con percepción subjetiva de encontrarse bien.

Con frecuencia, aunque no siempre, los primeros síntomas de la enfermedad se asocian a un cierto estado catarral o gripal. Al persistir los síntomas, los pacientes creen tener una infección que se prolonga en el tiempo, ya que presenta dolor de cabeza, dolor musculoesquelético, sensación de tener fiebre y dolor de garganta.

Transcurridas varias semanas y después de consultar repetidamente con su médico y realizarse diversas pruebas clínicas, tras las que se le reafirma que “no tiene nada de importancia”, el paciente presenta todos o la mayor parte de los síntomas descritos mas arriba, incluyendo la fatiga característica, dificultad para conciliar el sueño o concentrarse e incluso depresión.

Es frecuente y comprensible que el paciente consulte con diversos especialistas, desde reumatólogos a psiquiatras, pasando por un buen número de otros expertos en diversas disciplinas médicas y paramédicas.

Pese a que la enfermedad merma la capacidad de los pacientes para desarrollar actividades, la mayoría de los afectados cumplen con mayor o menor dificultad sus respectivas obligaciones, aunque un reducido número de pacientes se ve obligado a restringirlas o ser asistidos por otras personas en tareas elementales de la vida cotidiana.

¿Cómo se diagnostica?     

De igual modo que otras enfermedades, el síndrome de fatiga crónica carece de pruebas específicas de laboratorio o de otra índole que demuestren su existencia. Se trataría, pues, de establecer un diagnóstico por exclusión de enfermedades similares, que permita de una forma razonable confiar en la certeza del diagnóstico. La acumulación de pruebas diagnósticas, además de costoso en tiempo y recursos no proporcionará una mejor evidencia que el buen juicio de un clínico con sentido común.

Con frecuencia, la necesidad de establecer un diagnóstico cierto y la incertidumbre de que este diagnóstico sea de exclusión (se descartan enfermedades, pero no se asegura el diagnóstico), generan angustia.

Una vez alcanzada la convicción por parte del médico de que el paciente no tiene nada objetivable, la tarea principal consiste en transmitir esta convicción al paciente y no dejarse influir por la angustia del paciente, realizando nuevas pruebas que indefectiblemente serán normales.

¿Cual es la evolución de la enfermedad?     

Una gran proporción de pacientes mejora con el tiempo y se recupera total o parcialmente. En otros casos, desgraciadamente, la enfermedad permanece invariable, siendo muy raro el caso en que el síndrome de fatiga crónica progrese

¿Como se trata la enfermedad?     

Una vez el médico ha determinado que lo que el paciente sufre es un síndrome de fatiga crónica, debe proporcionarle la información necesaria acerca de su enfermedad y de su posible evolución.

Los analgésicos y antiinflamatorios pueden aliviar una parte importante de los síntomas, incluyendo el dolor de cabeza, el dolor muscular o articular, el malestar general y la sensación febril.

Cuando el paciente se queja de síntomas de rinitis puede recibir el tratamiento específico. Igualmente, la ansiedad o depresión pueden requerir una medicación apropiada. Debe tenerse en cuenta que, aunque los síntomas de fatiga son dificilmente mejorables de manera directa, el tratamiento de las molestias colaterales puede producir una mejoría subjetiva apreciable.

Tanto el paciente como el médico deben esforzarse en conseguir evitar un deterioro de los hábitos de vida saludables del paciente, tanto en comida como en actividades lúdicas o sueño.

Es aconsejable reducir los periodos de reposo al mínimo indispensable, de acuerdo con la situación del paciente, combatiendo la imagen de inválido que el paciente va desarrollando. El paciente debe ser alentado a hacer ejercicio físico a diario, lo que a medio y largo plazo mejorará sus síntomas.

El médico, la enfermera y los familiares deben estimular tanto los deseos de recuperación como la esperanza de conseguirlo. Estos pacientes requieren una intervención motivacional para impulsarlos en la dirección correcta. En casos seleccionados, la terapia cognitivo-conductal puede ser de utilidad, cuando está disponible un grupo de terapia específico, aunque para el caso común tal vez pueda valer la adopción por el médico y/o la enfermera del papel de coach o entrenador.

Se han ensayado distintos tipos de fármacos en el tratamiento de la enfermedad sin obtener el resultado apetecible.

Medizzine le recomienda consultar sobre este asunto con su médico si usted ha sido diagnosticado de síndrome de fatiga crónica y no probar medicamento alguno que no le haya sido prescrito por él.

Fecha de actualización de la página: 10 de noviembre de 2008

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