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Domingo 22 de Enero de 2017

HIPERTENSIóN ARTERIAL

¿En qué consiste la hipertensión arterial?     

Definición de hipertensión arterial

Cuando un paciente tiene una presión arterial igual o mayor de 140 mm Hg de presión máxima y/o 90 mm Hg de presión mínima, se dice que sufre hipertensión arterial.

Presiones máxima y mínima

Como quiera que el corazón no produce un flujo continuo de sangre, sino a impulsos originados por las contracciones, la presión oscila entre un máximo, que corresponde al momento en que el corazón inyecta el contenido del ventrículo en la aorta (sístole), y un mínimo, correspondiente a la diástole, fase durante la que el ventrículo se está rellenando de nuevo para proceder al siguiente impulso.

Estas oscilaciones se transmiten a todo el arbol arterial, aunque conforme nos alejamos del corazón, estas son cada vez menores, debido a la elasticidad de las arterias, que tienden a amortiguarlas. La medida de la presión arterial sistólica se denomina presión máxima, mientras que la presión diastólica es también conocida como mínima.

¿A quienes afecta la hipertensión arterial?     

La hipertensión arterial es una enfermedad muy frecuente, que afecta aproximadamente a uno de cada cuatro adultos en países desarrollados. De acuerdo con los estudios disponibles, la hipertensión arterial es la causa principal de consultas en atención primaria y es también el principal factor de riesgo para sufrir accidentes cerebrovasculares, infarto de miocardio, insuficiencia cardíaca y otras enfermedades cardiovasculares o deterioro de la función del riñón.

Causas de la hipertensión arterial?     

La mayoría de los hipertensos sufren hipertensión esencial, es decir, no se puede encontrar una razón identificable para sufrirla. Se dice por ello que en estos casos, la hipertensión arterial surge en personas aparentemente sanas. Esto puede aplicarse a casi el 95% de los hipertensos.

Se considera que estos pacientes desarrollan su enfermedad por la concurrencia de una especial predisposición personal y diversos factores de riesgo.

Factores de riesgo

1. La edad:

La presión máxima se va elevando conforme se cumplen años. Se suele decir que ai se vive un número suficiente de años, casi todo el mundo llega a ser hipertenso. Los expertos consideran que no es inevitable que la edad avanzada se acompañe de forma obligada de hipertensión y que la razón principal de este incremento de hipertensión con la edad va ligado al estilo de vida, en especial, al tipo de alimentación (exceso de calorías y sal en la dieta).

2. El sexo:

Hasta los cincuenta años, la hipertensión es menos frecuente en la mujer que en el hombre, probablemente debido a los estrógenos. Tras la menopausia, la frecuencia de hipertensión arterial en la mujer es incluso mayor que en el hombre.

3. La raza:

La incidencia de hipertensión es mas elevada, de mayor importancia y comienza mas precozmente en los pacientes de raza negra que en los restantes grupos étnicos.

4. Factores genéticos:

La enfermedad es mas frecuente en pacientes en cuyas familias existen otros hipertensos. Se han identificado 14 genes que pueden intervenir en el desarrollo de hipertensión arterial.

5. El estilo de vida:

Mientras que los factores de riesgo indicados hasta ahora no son modificables, los que se incluyen en este apartado se pueden y se deben corregir. Comprenden:

- Dieta con exceso de sal, calorías o grasas, incluyendo exceso de colesterol
- Falta de actividad física (sedentarismo)
- Sobrepeso y obesidad
- Sustancias de abuso (alcohol, cocaína),
- Estrés, ansiedad,
- Consumo excesivo de cafeína (café, mate, té, bebidas energéticas) o regaliz,

Hipertensión arterial secundaria:

En uno de cada 5-10 pacientes la hipertensión arterial es debida a una causa reconocible. Se dice entonces que el paciente sufre hipertensión secundaria. Entre las causas mas frecuentes de esta clase de hipertensión, se incluyen:

- Tratamientos prolongados con determinados medicamentos (anticonceptivos, simpaticomiméticos, AINE, derivados de la cortisona, entre otros),
- Enfermedades crónicas del riñón y glándulas endocrinas (diabetes, enfermedades del tiroides, glándulas suprarrenales, etc.)
- Síndrome metabólico.

Síntomas de la hipertensión arterial     

En la gran mayoría de pacientes no suelen presentarse síntomas hasta el momento en que aparece una complicación, por lo que permanece sin ser diagnosticada hasta que o bien se toma la presión o surge la complicación cardiovascular o renal.

La ausencia de signos de enfermedad no evita que, de forma silenciosa, se puedan estar produciendo daños en las arterias del riñón, corazón y cerebro.

Algunos pacientes pueden presentar dolor de cabeza y episodios de, sofocos, acompañados o no de sudoración. La intensidad de estas molestias no se corresponde con el grado de hipertensión que tenga el paciente, representando muchas veces una manifestación de preocupación o ansiedad mas que síntoma de hipertensión.

Por lo indicado, es muy aconsejable que todas las personas comprueben regularmente su presión arterial, sin necesidad de que exista una razón especial para ello.

Diagnóstico     

El diagnóstico de hipertensión arterial se establece por la simple medida con el tensiómetro (esfigmomanómetro). No obstante, como la presión arterial varía de un momento a otro del día y de una circunstancia a otra, para darle valor diagnóstico a la medida de la presión arterial, esta debe medirse al menos en dos ocasiones o visitas, ya que una toma única y ocasional puede dar un resultado engañoso.

Idealmente, la medida de la presión debe hacerse dos veces seguidas con un intervalo de 5 minutos, con el paciente sentado, en reposo y bien relajado.

Se considera que la presión arterial normal para un adulto es de hasta 120 mm Hg (ó 12 cm Hg) de presión máxima y hasta 80 mm Hg (8 cm Hg) de presión mínima. Los valores en niños son inferiores a los indicados.

Prehipertensión:

En los últimos años se ha acuñado un nuevo término o categoría, la llamada prehipertensión.

Aquellas personas con presiones máximas entre 120 y 140 mm Hg y/o presiones mínimas de 80 a 89 mm Hg se dice que sufren prehipertensión. Esto quiere decir que tienen mas probabilidades que las personas con presión arterial normal de sufrir hipertensión y sus complicaciones. Estos pacientes deben controlarse frecuentemente la presión arterial y modificar los factores de riesgo cardiovascular susceptibles de mejorarse.

Ademas del seguimiento que pueda llevar a cabo el médico o la enfermera, el paciente puede realizar medidas regulares a distintas horas en su propio domicilio mediante aparatos de autocontrol disponibles en el mercado y llevar las anotaciones a su médico. Esto tiene especial importancia para pacientes que requieren un ajuste lo mas preciso posible, como en el caso de diabéticos.

El médico valorará los restantes factores de riesgo cardiovascular, la repercusión de la hipertensión sobre órganos vitales y el estado funcional de estos (corazón, riñon, retina, cerebro). Adicionalmente, el médico indagará posibles causas de hipertensión arterial secundaria a otras enfermedades.

Tratamiento de la hipertensión arterial     

En la mayoría de pacientes, el tratamiento inicial de la hipertensión arterial consiste en un cambio sustancial del estilo de vida, con medidas como las que se indican a continuación:

- Reducción de la ingestión de sal,
- Practicar ejercicio físico regularmente,
- Disminución del peso, si el paciente tiene sobrepeso u obesidad,
- Cambiar a una dieta mas saludable (reducción de grasas y calorías, aumento de frutas y verduras),
- Reducción de los factores de estrés y ansiedad, adquisición de habilidades de relajación y, en casos de mayor importancia, replanteamiento de los objetivos personales.

Adicionalmente, pero de forma igualmente importante, se deben combatir los restantes factores de riesgo cardiovacular:

- Evitar el consumo de tabaco, tanto fumado como de otras formas,
- Evitar el consumo de sustancias de abuso (alcohol, cocaína, etc.),
- Evitar el consumo excesivo de cafeína (café, mate, té, bebidas energéticas),
- Sustituir los anticonceptivos hormonales por otros métodos anticonceptivos.

Todas las medidas enunciadas deben mantenerse incluso cuando el médico haya instaurado un tratamiento eficaz con medicamentos, ya que, como mínimo, reduce las necesidades de fármacos por parte de los pacientes.

Una vez puesto en marcha el tratamiento inicial, si transcurrido un periodo prudencial (al menos varios meses de duración), no se consigue que la presión arterial se situe en valores normales, el médico añadirá a las modificaciones del estilo de vida un tratamiento farmacológico.

Se dispone de diversos tipos de medicamentos, todos ellos eficaces para el control adecuado de la hipertensión arterial. Dependiendo de las necesidades de cada paciente, el médico puede prescribir uno o mas medicamentos, aunque siempre o casi siempre se procede de forma gradual.

Al principio, se suele prescribir un sólo fármaco a dosis bajas o moderadas. Si no se consigue controlar la presión arterial una vez alcanzada la dosis mas alta posible, se administra un segundo medicamento y así sucesivamente.

En la práctica, la mayoría de los hipertensos leves se controlan con un único medicamentos, preferentemente un diurético o un IECA.

Entre los fármacos utilizados para el tratamiento de la hipertensión areterial se incluyen:

- Diuréticos (hidroclorotiazida, clortalidona, indapamida, xipamida, etc.),
- IECA (inhibidores del enzima conversor de la angiotensina: enalapril, lisinopril, benazepril),
- ARA II (antagonistas del receptor de la angiotensina II: losartán, olmesartán, etc.),
- Inhibidores directos de la renina (aliskireno),
- Calcioantagonistas (nifedipino, verapamilo, manidipino, amlodipino,etc),
- Bloqueadores de receptores alfa-adrenérgicos (prazosina, doxazosina, etc),
- Bloqueadores de receptores beta-adrenérgicos (propanolol, metoprolol, atenolol, etc),
- Simpaticolíticos de acción central, como clonidina,
- Vasodilatadores (hidralazina, minoxidil).

Última actualización de la página: 27 de octubre de 2010

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